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Ministerio Competitivo

By Brian Congdon

Es característico de un caminar íntimo con Cristo experimentar una fuerza energizante y vivificante. En el ministerio cristiano, los refinados dones, las diversas habilidades y las posiciones provistas de poder a menudo se interpretan como “la evidencia” de esta fuerza proveniente de Cristo. Sin embargo, éstos no son el estándar. ¿Por qué? En la construcción del Reino de Dios, como en cualquier otra construcción, cuanto más alto es el edificio (cuanto mayor es el llamado), mayor cimiento se requiere (mayor equipamiento). ¿Es válido ver entonces el ministerio como una especie de competencia? ¿Acaso no alentó el apóstol Pablo a los creyentes a competir diciendo: "¿No sabéis que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corred, pues, de tal modo que lo obtengáis." (1 Cor. 9:24)? Bien, los cristianos pueden ciertamente correr en las sendas de Dios; no obstante, la dinàmica real detrás de esta carrera (correr hombro a hombro con los creyentes) se ha confundido con una carrera contra los creyentes. Operar el ministerio cristiano a través de una lente de competencia y rivalidad bloquea el modelo ejemplar del sacrificio de Cristo: "El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt. 20:28).

Nuestro deleite como cristianos debe originarse en nuestra humildad y no en nuestros dones,  habilidades o posiciones. En cierta ocasión fui parte de una carismática célula de oración centrada en la intercesión. El grupo realmente se destacó en términos de habilidades intercesoras mientras oraban y profetizaban sobre los demás. ¡En verdad este ambiente positivo era refrescante¡, las profecías estaban sostenidas en la verdad y el Espíritu Santo se hacía presente! Pero eventualmente, un rasgo de carácter extraño terminó por revelarse: los miembros del grupo trataban de superarse unos a otros con palabras proféticas poderosas. Un intercesor hablaba y compartía una idea, articulando detalles intrincados con toques poéticos y rimbombantes entre oración y decretos. ¡Pronto le seguía otro con una palabra aún más conmovedora! Los intercesores se disputaban para ver quién podía enunciar su profecía primero. Un día, al ver esta realidad desarrollarse durante varios meses, percibí al Espíritu Santo sutilmente arrojando una "bomba de la verdad" a mi espíritu. Su voz fue tan suave como clara: "El ministerio no es una competencia". Enseguida tomé la decisión de mantener dicha revelación en silencio determinando sin duda alguna que ésta no sería aplaudida en aquella atmósfera.

Pero el Espíritu Santo no se rendiría tan fácilmente (con frecuencia Sus planes son totalmente opuestos a los nuestros) y continuó impulsándome a decir algo al respecto hasta que finalmente y a regañadientes, acepté. Cuando por fin les expresé gentilmente aquella revelación del Espíritu, Bobby Rose (nombre ficticio de la líder del grupo) estalló de inmediato con toda la hostilidad emocional de una fiera enfurecida: “Bueno, por supuesto! ¡Es para el Señor!" – ella gruñó visiblemente irritada. ¡La cara de Bobby Rose parecía un globo colorado a punto de estallar! Lejos de profesar un genuino comportamiento pastoral, se mostró como una criatura posesiva y agresiva defendiendo su premio. Al igual que prender súbitamente un interruptor, una severa actitud se encendió: "¡Estoy a cargo aquí! ¿Cómo te atreves a cuestionar mi ministerio?” “Respetuosamente, er, um, señora… no es su ministerio, es del Señor.” El ministerio cristiano es la obra del Señor, llevada a cabo a través de vasijas rotas. ¿Tomó nota del adjetivo "rotas"? Las fisuras son un requisito previo para la efectividad del Reino. Las vasijas sin fisuras sólo tienen espacio suficiente para sí mismas y no tienen intención de compartir sus recursos con otros. "Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros" (2 Cor. 4: 7).

En otra ocasión participé en una conferencia en la iglesia donde el tema principal era el Reino de Dios. El orador de la conferencia estaba muy ungido y enseñó ampliamente sobre los principios del Reino. Una de las sesiones fue seguida por otra de anuncios proféticos a libre micrófono. En el piso del auditorio varios profetas "emergentes" esperaban su turno en unifila para compartir sus anuncios. Después de que algunos anuncios promedio no lograron sorprender a la multitud (no hay tal maestro como la práctica), una joven tomó el micrófono y procedió a dar una conferencia a la audiencia en un tono superior y autoritario, como "dando una lección" sobre madurez espiritual. Consecutivamente, el orador de la conferencia, sin ningún signo de impresión, con calma pero con firmeza explicó que los profetas que compiten en una congregación no son el diseño del Reino, por el contrario, "¡cuán maravilloso es cuando los profetas vienen sin espíritu competitivo a refrescar a la congregación con la "Palabra del Señor!"

Como residente de la región capital nacional en los EE. UU., es frecuente interactuar con aquellos que sirven en puestos de influencia considerable y, en algunos casos, en plataformas nacionales. Como asistente fiel de una iglesia en esta área, llegué a observar a un miembro pronunciar una extraña "profecía". ¡Este miembro laico era un abogado constitucional que de hecho había litigado ante la Suprema Corte! De manera legal y articulada, recitó algunos versos del Antiguo Testamento sin interpretación ni aplicación de los mismos. Cantidad de pastores y miembros de la audiencia abruptamente entregaron una gran ovación al reciente orador, incluyendo un pastor que prácticamente salió disparado a sus pies con entusiasmo. La reacción de los oyentes fue innegablemente calurosa y arrebatada; sin embargo, dicha "profecía" no contenía profecía ni unción espiritual! Era simplemente una exhibición de este hombre y sus perfectamente conformadas habilidades de presentación. Los pastores de esta iglesia en declive (muchos congregantes abandonaron la iglesia al transcurrir los años) pudieron haber visto en este “súper miembro” a su niño prodigio en virtud de haber alcanzado un alto estatus en el "tribunal" de la opinión pública, elevando su imagen y reputación. En otra ocasión, estos mismos pastores se me acercaron para preguntar respecto a un asunto personal. Al final de la conversación, mencionaron el tema (no relacionado, por cierto) de este mismo abogado, alardeando de cómo fue asesorado por un destacado erudito y cómo había asumido casos de derecho constitucional frente a la Suprema Corte. Después de que asistí 4 años a dicha iglesia y de haber servido a nivel liderazgo para uno de ellos, percibí estas actitudes bastante desconcertantes. No mucho después, dejé voluntariamente la “Iglesia de la Soberbia Familia” (nombre ficticio) por otra familia no tan soberbia. Un miembro de la iglesia me pidió reconsiderar mi decisión, oferta que decliné con cortesía.

Otra forma de competencia ocurre a través de la divisoria generacional. He aquí un joven que fue nombrado responsable de un proyecto de mercadeo por un pastor respetado y con una red de iglesias a su cargo. Como era de esperarse para cualquier proyecto que inicia, el joven comenzó haciéndole preguntas clave al pastor respecto al diseño, contenido, mensaje, colores, etc. La respuesta concreta de este líder fue "Realmente no estoy seguro. Hazlo y en tanto esté hecho, sabré si me gusta". Sin un diseño u orientación que ofrecer, el líder se convirtiò en el capitán del barco, sí, ¡un barco sin timón! Por alguna razón, quería guardar todos los requisitos de construcción para más adelante, quizá para cuando los conociera. El entusiasmo juvenil y el deseo de servir del joven se hicieron ver cuando el proyecto inició a toda máquina. Después de un esfuerzo significativo, mucho sudor, energía y tiempo, finalmente concluyó el proyecto. Y después de múltiples intentos fallidos de recibir retroalimentación, el joven presentó el fruto de su trabajo cuidadosamente elaborado. ¿Cuál fue el resultado?, como un tren de carga saltando las vías, el ministro pronunció estas temidas palabras: "Esto no es en absoluto lo que tenía en mente; descartemos todo y cambiemos el rumbo para hacer algo totalmente diferente". Unas pocas palabras bastaron para eliminar semanas de trabajo. Aunque el líder tenía “la sartén por el mango”, también tenía la responsabilidad de ejercer humildad y buen juicio. Es evidente que el pastor estaba apenas iniciándose en el mercadeo, por lo tanto ameritaba otorgar el beneficio de la gracia. Quizas este líder pasó por alto su impacto o papel en la ecuación. Aún así, prefiriendo mantener la subordinación en su aprendiz, utilizó el poder de su posición para afirmar su rango. El desechar ciega e indiferentemente todo el esfuerzo empleado, bien podría ser calificado por muchos como un evidente abuso del poder.

¿Qué lecciones podemos rescatar de estas disputas competitivas? Lejos de juzgar el motivo, el objetivo es ilustrar la arquitectura de una realidad espiritual frente a una realidad carnal. Es fácil destacar el yerro ajeno, lo difìcil y valioso es aprender de nuestros errores. El objetivo y el énfasis aquí es aprender a separar la vanidad de la vida espiritual. Un mejor enfoque como cristianos se puede simplificar en los siguientes puntos: En primer lugar, reconocer que todos pertenecemos al Cuerpo de Cristo en el que cada miembro está equipado de manera única para funcionar en su vivificante diseño y llamado. Cada miembro es un ministro, incluso si no todos tienen el mismo nivel de responsabilidad. En segundo lugar, someterse a la esfera de conocimiento de otra persona cuando es superior a la tuya. Aun así, todos nos necesitamos mutuamente sin posibilidad de prescindir de los demás ya que nadie lo tiene todo. 

Si nuestro estatus especial, nuestro elitismo intelectual o nuestras habilidades sobresalientes no están ancladas en el carácter, causarán daño en vez de beneficio. No importa cuántas sanaciones, palabras poderosas, proezas de super heroísmo, hazañas caminando en agua o gran carisma se pueda tener; nadie está por encima de la "ley" de la transformación del carácter, nadie. El carácter transformado valida los dones, nunca éstos por sí solos o a sí mismos y su asignación no nos hace únicos en lo absoluto; la tenencia de dones es en realidad una característica común de toda la humanidad, sea salva o no. Pablo dijo que más bien haría alarde de sus debilidades (2 Cor. 11:16-33), no de su inteligencia, dones o posición para decirle a la gente qué hacer. Por supuesto, todos cometemos errores y algunos realmente absurdos; es parte del crecimiento y desarrollo para convertirnos en seres humanos funcionales. Los niños pequeños y los adolescentes se consideran menores de edad (¿en serio?) porque todavía no son adultos responsables. La Escritura también nos ordena perdonar a los demás (Mt. 6:15), no juzgar para que no seamos juzgados (Mt. 7: 1-2), y no retener nada en contra de nadie (Rom. 14: 10-12). Debemos arrepentirnos rápidamente y evitar guardar rencores. También debería observarse un axioma en la iglesia que rece "Si VES algo, ¡ORA algo!" En otras palabras, si vemos el error de un hermano o hermana que está ciego o sordo, ¡nosotros somos responsables de orar por ellos! Todos tenemos áreas de ceguera y nadie está exento de la necesidad de ajustes y correcciones de rumbo.

Nuestras vidas no son más que un soplo de viento en un plan cósmico de proporción eterna. Todo es vanidad (Ecl. 1:2). Aunque cada persona es creada a imagen de Dios y, por ende, valioso, no siempre somos tan especiales o únicos como generalmente queremos parecer ante los demás. El único verdaderamente  inigualable aquí, sin excepción, es el hijo de Dios, Jesucristo. Debemos darle constantemente todo el crédito a Él. Somos llamados (aunque a menudo somos débiles, dependientes y estamos hechos de polvo) para desempeñar un importante papel en la tierra en la construcción de la Ciudad cuyos cimientos son eternos (Heb 11:10). ¿Cuándo comenzaremos a quitar nuestra atención de nosotros mismos y volver nuestros ojos hacia el Salvador? He sido profundamente afortunado de convivir con algunos santos auténticos que personificaban a Cristo en Su carácter genuino. Esta valiosa minoría estaba dispuesta a pagar el muy alto precio de la obediencia a lo largo de muchas décadas. Aunque son raros y a menudo ofuscados, cuando te encuentras con ese verdadero carácter transformado a imagen de Cristo, brillan como diamantes en espíritu, ¡un tesoro para la vista!

Cristo es la definición misma de humildad. Él es el Siervo Sufriente (Is. 52: 13–53: 3):

Este Siervo "será prosperado, será engrandecido y exaltado" (52:13), una imagen de majestad y asombro. Sin embargo, esta exaltación no ocurre de la manera que los seres humanos esperarían. El Siervo no es elevado debido a algún tipo de belleza externa o estatura real evidente, ya que fue “desfigurado más allá de la apariencia humana" (v. 14) y no tiene "forma o majestad para mirarlo, ni atractivo para desearlo" (53: 2). No, la humillación es el camino para la exaltación del Siervo Sufriente.
Revista Tabletalk, abril de 2013, Ligonier.org

La profundidad del sufrimiento legítimo y la respuesta obediente del creyente (esto transforma el carácter con tiempo) son los factores determinantes de buena fe detrás de la influencia espiritual genuina. Para ponerlo en términos laicos, si se desea tener mucha influencia en el Reino de Dios, se debe pagar un precio muy alto. Algunos lo perderán todo. Pero al otro lado de los profundos valles de la soledad y la pérdida, Cristo nos resucitará y pagará doble por la pena. Cristo perdió todo aquello que alguien podría perder, incluso su propio cuerpo, más en Su resurrección, las naciones fueron Su recompensa (Sal. 2).

>No aspires a ser como la veleta dorada en la cima de un gran edificio. Por mucho que brille, por alto que sea, no agrega nada a la firmeza de la estructura. Más bien sé como un viejo bloque de piedra escondido en los cimientos, debajo del suelo donde nadie puede verte. Gracias a ti, la estructura no caerá.
-St. Jose Maria Escrivá

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Is Ministry a Competition?

By Brian Congdon

Energizing, life-giving strength is available if we walk intimately with Christ. In Christian ministry, polished gifts, abilities, or power-endowed positions are often used as the “evidence” of this Christ-like strength. Are they the standard? Not exactly. As the popular saying goes, the greater the calling, the deeper the foundation required. Is ministry a competition of sorts? Didn’t the Apostle Paul encourage believers to compete by stating, “Do you not know that in a race all the runners run, but only one receives the prize?” (1 Corinthians 9:24) Christians may certainly seek to run in God’s course, but it isn’t a race against other believers. Competitive approaches to Christian ministry block Christ’s exemplary pattern of sacrifice. “The Son of Man did not come to be served, but to serve, and to give his life as a ransom for many” (Matthew 20:28).

We Christians ought to take pride in our humility rather than our abilities or being in charge of something. Once I was part of a charismatic house group focused on intercessory prayer. The group really stood out in terms of their intercessory skill as they prayed and practiced prophesying over others. This positive atmosphere was refreshing! The prophecies rang true and the Holy Spirit was present. But eventually, an odd character trait revealed itself. The group members would try to outdo one another with powerful prophetic words. One intercessor would speak and share an insight, articulating intricate details almost poetically as they prayed and made decrees. Then another would follow with an even more “poignant” word! The intercessors jockeyed to see who could deliver their prophecy first. Watching this reality unfold over the course of several months, one day I felt “the polite Holy Spirit” drop a “truth bomb” in my personal spirit. He spoke very softly, but said “Ministry is not a competition.” I quickly made the decision to keep it quiet, matter-of-factly sensing it would not go over well in this atmosphere.

Not one to give up easily—the Holy Spirit had different plans. He continued prodding me to say something to the point that I finally, reluctantly agreed. As I gently voiced the phrase in a time of open sharing, Bobby Rose (not her real name) immediately erupted with all the emotional vitriol of an angry tiger. “Well, of course! It’s unto the Lord!!!” she snarled, visibly irritated. Bobby Rose’s face looked like a colored balloon that was about to pop! In place of an inviting pastoral demeanor was a possessive, aggressive creature defending its prize. Now, with a simple flip of the switch, a stern attitude took over, booming: “I’m in charge here!  How dare you question my ministry?” Respectfully, er, um, ma’am… it’s not your ministry. It’s the Lord’s. Christian ministry is the Lord’s work, carried out through invariably cracked vessels. Did you take note of the “cracked” adjective? The cracks are a prerequisite for Kingdom effectiveness. Un-cracked vessels have only enough room for self and have no intention of sharing resource with others. “But we have this treasure in earthen vessels, that the excellency of the power may be of God, and not of us” (2 Corinthians 4:7).

Another time I participated in a church conference where the main theme was the Kingdom of God. The conference’s speaker was very anointed and taught extensively on Kingdom principles. One session was followed by free-for-all “prophetic mic” announcements on the auditorium floor. Several ‘emerging’ prophets single-file awaited their turn to share comments. After a few mediocre announcements failed to ooh-and-ah the crowd (we all have to learn some way, somehow J), a young woman grabbed the mic and proceeded to lecture the captive audience in a condescending and professorial tone, as though “teaching a lesson” on spiritual maturity. In turn, the conference speaker didn’t skip a beat. He calmly but firmly explained how competing prophets in a congregation are not the Kingdom pattern, rather “how wonderful it is when the prophets non-competitively come to refresh the congregation with the ‘Word of the Lord’!”

A resident of the national capital region (in the USA), I have crossed paths with those who serve in positions of considerable influence and, in some cases, on national platforms. As a faithful attendee of a church in this area, one time I observed a congregant deliver a strange “prophecy.” This lay member was a constitutional lawyer who had actually argued cases before the Supreme Court! In a lawyerly and articulate fashion, he recited some verses from the Old Testament, but offered no interpretation or application of the Scripture recitation. A plurality of pastors and audience abruptly gave an ovation with one pastor nearly catapulting to his feet with excitement. However, the “prophecy” contained no prophecy or spiritual unction! It was merely a showcase of one man’s neatly packaged presentation skills. The pastors of this declining church (many congregants left over the years) may have viewed this super-member as their wunderkind because he had achieved a lofty status in the “court” of public opinion. Perhaps he boosted their perceived public image. On another occasion, these pastors approached me to inquire about a personal matter. At the end of their inquiry, they brought up the unrelated topic of this same lawyer, bragging about how he been mentored by a prominent scholar and taken on constitutional law cases in front of the Supreme Court. Having attended for 4 years and served in leadership for one of them, I found these patronizing attitudes unsettling. Not long after, I voluntarily left the Church of Self-righteousness (not its real name) for less self-righteous pastures. I was asked to consider staying by a fellow member; I politely declined.

Another form of competition happens across the generational divide. Enter the apprentice who was made responsible for a marketing project under a respected pastor with a network of churches. As is best practice when building something new, the apprentice started the idea-gathering phase with key questions. Layout? Content? Message? Colors? This leader’s actual response was “I’m really not sure. When I see it, I’ll know if I like it.” With no blueprints or orientation to offer, the pastor was the captain of the ship—a ship whose rudder was missing! For some reason he wanted to save all building requirements for later. The apprentice’s youthful zeal and desire to serve were in no short supply as the project began full steam ahead. After significant work had been completed, much sweat, energy, and time was expended on the project. And after multiple failed attempts to gather feedback had transpired, the apprentice presented his carefully made deliverables. Like a freight train jumping the tracks, the minister uttered the dreaded words: “this isn’t at all what I had in mind; let’s scrap this direction and go with something totally different.” With a few quick words, he singlehandedly wiped out weeks of work. Though he may have had the right to a veto—the minister also had a responsibility to exercise humility and good judgment. This pastor may have just been learning about marketing, so, giving him the benefit of grace, perhaps he didn’t realize his impact or role in the equation. Still, preferring to maintain subordinancy in his apprentice, he used the power of his position to assert rank. Blindly (and indifferently) discarding all that went into the effort, some might label this a demonstrable misuse of power.

What can these competitive spats teach us? Rather than judging motive, the goal is to illustrate the architecture of a spiritual reality versus a fleshly reality. Though anyone can point out what people do wrong, there is great value to be gleaned from our mistakes. The aim and emphasis here should be on learning to separate out vanity from spirit-life. A better approach as Christians is the following list of points. First off, acknowledge we all belong to the Body of Christ wherein each member is uniquely equipped to function in their life-giving design and calling. Every member is a minister even if not all have the same responsibility level. Secondly, defer to other believers’ expertise and area of ability where it is superior to your own. We all need each other. No one has it all.

Special status, intellectual elitism, or razor-sharp skills—when not anchored in character—can and will do damage. No matter how many healings, power-filled words, water-walking feats of super-heroism, or convincing charisma, no one is above the “law” of character transformation. Godly character validates gifting, never the latter by itself. Giftedness doesn’t equal uniqueness; it is commonplace and normal to all humanity whether saved or not. Paul said he would boast in his sufferings (2 Corinthians 11:16-33), not his intelligence or gifts or position to tell people what to do. Of course, we all make mistakes and commit really stupid blunders. It is part of growing up and developing into a functional human being. Little kids and teenagers are considered under-age (news flash!) because they are not yet responsible adults. We are also commanded by Scripture to forgive others (Matthew 6:15), not judge lest we be judged (Matthew 7:1-2), and not hold anything against a brother (Romans 14:10-12). We must repent quickly and avoid harboring grudges. There should also be an axiom in the church which says “If you SEE something, PRAY something!” In other words, if you see a brother or sister’s error and they are blind or deaf to it, you are responsible to pray for them! We all have areas of blindness and no one is exempt from the need for adjustment and course corrections.

Our lives are but a breath of wind in a cosmic plan of eternal proportion. All is vanity (Ecclesiastes 1:2). Though every person is created in God’s image and by extension loveable, we are not always as special or unique as we usually want people to believe. The truly special and unique one here, without exception, is God’s son, Jesus Christ. We should constantly give Him all the credit. We are called, though we are often weak, dependent, and made of dust, to play a role on earth in building the City whose foundations are eternal (Hebrews 11:10). When will we start to get over ourselves and turn our eyes to the Savior? I have been deeply fortunate to hold company with some authentic saints who embodied Christ in genuine character. These precious few were willing to pay the very costly price of obedience over the course of many decades. Though they are rare and often hidden, when you encounter the real deal of transformed Christ-like character— they sparkle like diamonds in spirit; a treasure to behold!

Christ is: the very definition of humility. He is the Suffering Servant (Isaiah 52:13–53:3):

This Servant “shall be high and lifted up, and shall be exalted” (52:13), an image of majesty and awe. Yet this exaltation does not occur in a manner that human beings would expect. The Servant is not lifted high because of some kind of outer beauty or evident regal stature, for He is “marred, beyond human semblance” (v. 14) and has “no form or majesty that we should look at him, and no beauty that we should desire him” (53:2). No, humiliation is the path for the Suffering Servant’s exaltation.
Tabletalk Magazine, April 2013, Ligonier.org

The depth of legitimate suffering and the believer’s obedient response (this transforms character) are the bona fide determinative factors behind genuine spiritual influence. To put it in laymen’s terms, if you want to have a lot of influence in the Kingdom of God, you have to pay a very high price. Some will lose everything they have. And on the other side of the deep valleys of loneliness and loss, Christ will resurrect and pay back “double for the trouble.” Christ lost every single thing one could lose, even his own body, and in resurrection His reward was the nations (Psalm 2).

Don’t aspire to be like the gilded weather vane on top of a great building. However much it may glitter, however high it may be, it adds nothing to the firmness of the structure. Rather be like an old stone block hidden in the foundations, under the ground where no one can see you. Because of you, the house will not fall.
-St. Jose Maria Escriva

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Coronavirus: COVID-19

Coronavirus (COVID-19): Una Perspectiva Profética

By Brian Congdon

En diciembre de 2019, se informó a la Organización Mundial de la Salud acerca de una nueva cepa de virus originada en Wuhan, China; los científicos la llamaron el Síndrome Respiratorio Agudo Severo Coronavirus 2 (SARS-CoV-2), también conocido como COVID-19, o el "nuevo coronavirus". Cabe la posibilidad de que el virus se haya transmitido a los humanos por contacto con los murciélagos, dada su similitud con la familia de coronavirus de éstos. Desde el descubrimiento del virus en China, nunca se dispuso de ninguna vacuna, lo que resultó en una propagación incontrolada del virus hacia las naciones de todos los continentes.

El coronavirus se ha convertido en la pandemia global que tomó al mundo por sorpresa. Si bien produce un número exponencial de infecciones no muy diferentes a las plagas de tiempos pasados, este enigmático virus pasó inadvertido y no se pudo percibir hasta que fue demasiado tarde. A pesar de vivir en la era de la medicina avanzada y del conocimiento científico, la cura sigue siendo algo difícil de lograr. Pese a las muchas sofisticaciones del hombre, no se ha logrado detener a un enemigo de esta magnitud. Verdaderamente, parece que todos están en riesgo ahora hasta que se descubra una cura o vacuna; incluso aquellos sin problemas relacionados con la salud, se enfrentan a graves pérdidas económicas a medida que el reloj sigue avanzando. ¿Cómo debería un cristiano interpretar dichos eventos? Para revelar las respuestas, por necesidad desempolvamos nuestras biblias y miramos la verdad eterna de las Escrituras.

Comenzando con Juan 3:16, éste establece claramente que Dios desea que todos reciban la vida eterna a través de Su Hijo.

Podemos estar seguros de que esta epidemia no tiene su origen en Dios (en la era de la gracia), porque el castigo no es consistente con Su carácter. Dios no se complace en la muerte. Él nunca ha estado en contra de nosotros, ni de aquellos que aún no lo conocen (Él es justo). ¿Cómo podemos estar seguros? Para empezar, el Salmo 145:8 nos dice: "El SEÑOR es amable y compasivo, lento para la ira y grande en amor". ¿Observa el énfasis en "lento para la ira?" Un Dios amable y compasivo cuyo Hijo pagó el precio máximo para expiar todo pecado, no tiene necesidad de satisfacer Su ira ahora. Las consecuencias del pecado hablan por sí mismas. Dios no necesita agregar un castigo adicional sobre el pecado; esto está tan claro como el agua en Hebreos 10: el sacrificio perfecto de Cristo ya satisfizo el requisito santo. Aún así, algunos dirán…

  • ¡Pero Dios está juzgando a las personas por su desobediencia!
  • ¡Dios está decepcionado de sus hijos rebeldes!
  • ¡Dios está castigando la maldad de la gente!

Aunque un Dios santo y amoroso detesta el pecado, el concepto de juicio debe definirse primero teniendo en cuenta todos Sus atributos. Si aislamos un atributo del resto y tratamos de hacer que la Palabra diga lo que queremos, sobrevendrá eiségesis y aplicaciones erróneas. Es demasiado fácil regresar a una especie de “teología no sistemática", así que no vayamos por ese camino. El juicio podría verse como una completa sequía de opciones, al agotar todas las oportunidades de virar en la dirección correcta e ignorando los signos y advertencias de consecuencias inminentes. Es análogo a una serie de letreros claramente mostrados que advierten de un acantilado más adelante; ahora imagine a un individuo que ignora todas las advertencias y ciegamente, decide contra toda sensibilidad presionar el acelerador a 150 km/hr en una zona de 25 km/hr. ¿Podría algo evitar el repentino cambio de ruta y el estrellarse abajo en las rocas? Si no nos detenemos el tiempo suficiente para escuchar su guía llena de gracia, no podemos culparlo por eso. La buena noticia es que Él quiere prepararnos y lo hace incluso a pesar de nuestra sordera y/o ceguera. De hecho, ha estado tratando de llamar nuestra atención todo el tiempo. Él es grande en amor, Él es paciente con nosotros y Él nos da poder con Su gracia.

El favor de Dios y la bondad eterna hacia Sus hijos, son como un grifo abierto de gracia interrumpida sólo por nuestra voluntad humana si no queremos aceptarla. Entonces, ¿se ha preguntado (filosóficamente) qué está haciendo Él en medio de una pandemia? Las respuestas comienzan a aparecer tras un estudio más profundo de las Escrituras, a las cuales se yuxtaponen actitudes humanistas comúnmente confundidas con normas aceptables. El profeta Isaías, cuyo nombre significa "Yahveh es salvación", (Isaías: hebreo YESHAYAH) dijo esto:

¿Quién predijo esto hace tiempo,
quién lo declaró desde tiempos antiguos?
¿Acaso no lo hice yo, el Señor?
Fuera de mí no hay otro Dios;
Dios justo y Salvador,
no hay ningún otro fuera de mí.
»Vuelvan a mí y sean salvos,
todos los confines de la tierra,
porque yo soy Dios, y no hay ningún otro.
He jurado por mí mismo,
con integridad he pronunciado
una palabra irrevocable:
Ante mí se doblará toda rodilla,
y por mí jurará toda lengua.
Ellos dirán de mí: “Solo en el Señor
están la justicia y el poder”».
(Isaías 45:21-24, énfasis mío)

Las palabras terminantes de Isaías predijeron la venida de un Salvador con una declaración decisiva, como un grito desde los tejados que no puede pasarse por alto. ¡Cristo, el Rey Salvador, viene por Su Novia! Normalmente, ésta es una noticia maravillosa, al igual que abrir una invitación de bodas entregada personalmente que deleita los sentidos. Solo hay un detalle muy importante generalmente pasado por alto en el antiguo comunicado de prensa: la Novia debe estar lista para Su llegada. La Novia, que es la Iglesia global de creyentes fieles y auténticamente comprometidos, necesita someterse a un agotador proceso preparatorio. La Iglesia tiene instrucciones de ser santa e irreprensible para la boda (Efesios 5:27). Como Isaías profetizó, un día todos darán testimonio de esta ceremonia celestial y sobrenatural. En cuanto al momento, las perspectivas escatológicas en masa se asemejan a los modelos de proyección de huracanes. Aún así, el imperativo de prepararse completamente para los propósitos de nuestro Señor y Su inminente llegada sigue siendo el mismo.

¿Cómo se prepara la Novia? Todos y cada uno de los creyentes fueron llamados a embarcarse en el viaje de conformidad con Cristo una vez siendo salvos. El problema es que muchos cristianos han ignorado la invitación a crecer hasta un nivel de madurez funcional y productivo. La desafortunada idea equívoca es que somos entrenados a lo largo de la vida con el único propósito de la realización personal de nuestras propias ambiciones. El propósito trascendente no es que la Iglesia exista exclusivamente como un marco para que "yo" reciba bendición personal, al menos para los adultos plenamente desarrollados. Todos estamos llamados a vivir para algo mucho más grande que nosotros.

Las normas socialmente aceptadas bloquean el verdadero desarrollo espiritual y tienen un extraño parecido con la voluntad satánica para los creyentes de retrasar y detener todo progreso. Como un niño malcriado que exige ser el centro de atención, nada positivo sucederá hasta que se le diga "no", se le dé la responsabilidad y se le haga consciente de sus acciones. Los desagradables rasgos narcisistas son en algún momento el patrón de cada persona según un espectro de severidad en la escala de la inteligencia emocional, y los patrones internos que no contienen valor eterno simplemente deben morir (2 Cor 4:11) antes de que los cristianos sean útiles en el Reino de Dios. El objetivo de estas palabras no es sacudir ni ofender a nadie, sino exaltar las definiciones de Dios para la verdadera vida. ¡La corrección es prueba del amor de Dios! “Porque el SEÑOR corrige a los que ama, así como un padre corrige a un hijo en quien se deleita” (Pr 3:12, énfasis mío) (Tener siempre en cuenta Rom 15:4). Dejemos de elegir las porciones de las Escrituras subjetivamente determinadas como "adecuadas" a nuestra preferencia humana.

 ¡Nos inclinamos y sometemos a la Palabra por elección porque es el estándar para toda la vida!

La Biblia exhorta a los creyentes a "ocuparse de su salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12); la implicación aquí es un proceso transformador de trabajo, crecimiento, deferencia, reverencia y trayectoria. Pero, ¿cuál es el objetivo de ese arduo trabajo? El objetivo es producir fruto espiritual a través de la obediencia sincera (Juan 14:15), proceso por el cual el creyente verá una metamorfosis. Al final, categórica y sustancialmente distinto, ya no necesitará de la vieja crisálida. Es similar a cambiar una bombilla vieja y quemada con una luz incandescente brillante para que todos la vean. ¡Cristo en mí es esa luz brillante! El trabajo genuinamente duro y sacrificado produce perseverancia y finalmente, una recompensa hermosa. En la segunda carta de Pedro, se enumeran las cualidades cristianas que todos deberían desarrollar: fe, virtud, conocimiento, autocontrol, perseverancia, piedad, bondad fraternal y amor.

El propósito final se manifestará corporativamente en la formación de una Iglesia funcional, sobrenaturalmente poderosa que se vea, hable, actúe y suene como Cristo, lo cual es Su diseño. Hasta llegar a cada individuo en el Cuerpo, esto ocurre a través del entrenamiento y la tutoría, enfrentando obedientemente los desafíos y superándolos. Algunas veces, este proceso de transformación se torna difícil, pero todo es parte de una preparación genuina a nivel del corazón. Honestamente, ¿quién no querría ser conocido por los siguientes rasgos en abundancia? Ya que son demasiado importantes para ser ignorados, aquí se enumeran nuevamente:

  • Fe
  • Virtud
  • Conocimiento
  • Auto control
  • Perseverancia
  • Devoción
  • Amabilidad fraternal
  • Amor

"Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte". (Apocalipsis 12:11, énfasis mío). La idea integral es la preparación para ejecutar la voluntad divina en la tierra y después de eso en la eternidad. Solo los cristianos equipados y fructíferos pueden aplastar la cabeza de la serpiente y construir cosas de valor duradero para el Reino. El tiempo para prepararse no ha pasado; ese momento es ahora. En Joel 3: 9-12, los versos vociferan al oyente instando a la acción inmediata:

Proclamen esto entre las naciones:
¡Prepárense para la guerra!
¡Alístense, soldados!
¡Avancen para el combate todos los hombres de guerra!
Forjen espadas con los azadones
y hagan lanzas con las hoces.
Que diga el cobarde:
«¡Soy valiente!»
Dense prisa, todas las naciones,
reúnanse en ese lugar.
¡Llama, Señor, a tus guerreros!
Despiértense y suban  las naciones

Debemos enfatizar lo siguiente de los versos anteriores:

  • "Alístense, soldados"
  • "Prepárense para la guerra"
  • "Todas las naciones"

Esta epidemia de coronavirus ha forzado la evaluación sistémica, aplicable a todos los niveles de la vida humana, desde el nivel macro hasta la nanopartícula más pequeña de la existencia. ¡Ninguna nación o individuo está exento! La plaga revela quién está realmente preparado, quién no lo está y quién está listo para liderar en tiempos de guerra. "¡Llama, Señor, a tus guerreros!" Sin lugar a dudas, es una llamada de atención mundial a los propósitos de Dios en la tierra hacia el final.

El juicio comienza con la casa de Dios

El apóstol Pedro afirmó audazmente: “Ha llegado el momento de que el juicio comience en la casa de Dios; y si comienza con nosotros primero, ¿cuál será el final de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17). Ahora, el recordatorio está sobre nosotros de que Cristo viene, ya está juzgando a la Iglesia y pronto juzgará a las naciones y al mundo en general. Grandes eventos de importancia eterna están en el horizonte cercano, culminando en un Día Final donde nuestras vidas serán evaluadas por todo lo que hemos hecho para promover los propósitos de Dios durante nuestro tiempo en la tierra. Como se señala en el artículo Cuando Cristo venga por la Iglesia:

La verdad central del tribunal de Cristo se declara en 2 Corintios 5:10, “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.” Como deja claro este texto, este es un juicio sólo para cristianos, ya que el tema de la salvación ya estaba resuelto…

Este juicio no tiene que ver con los pecados cristianos, ya que las palabras “bueno o malo” son palabras relacionadas con el valor, no con la moral. La pregunta es si un cristiano incorporó en su vida cosas de valor eterno a la vista de Dios.
(Bible.org, énfasis mío)

Dios no ha terminado con nosotros. La pandemia de coronavirus es apenas el comienzo. Incluso detener el mundo no puede retrasar los planes divinos que se están revelando ante nuestros ojos; no ha detenido Sus objetivos eternos, ni ha puesto Sus propósitos en pausa. Él no envió esta plaga, más bien, a medida que el Cielo se acerca a la tierra, los motivos del hombre son invariablemente purificados y los corazones depurados. ¡El Rey ya viene! Esta pandemia está dando paso a una cadena de eventos imparables antes de su inminente regreso. Su tarea actual consiste en una exposición ineludible, de naturaleza totalmente redentora. Revelando la auténtica realidad de todas las cosas, encontramos una verdad detrás de cada máscara de falsedad. Es su voluntad en este momento, a través de estos eventos actuales, desenmascarar las falsedades que antes estaban ocultas. Muchos confesarán no haber visto nunca tal actividad (divina), mucho menos en una escala tan masiva, al menos durante nuestras vidas.

Su método incluye exponer la arrogancia de todos aquellos que piensan que no Lo necesitan. También está trayendo a la superficie el orgullo de aquellos que confían en mentes no reformadas y un conocimiento carnal, lleno de soberbia por encima de Dios. Aquellos que han construido sus vidas sobre bases falsas (1 Cor. 3: 12-15), creyentes y no cristianos por igual, tropezarán y lucharán, incapaces de vivir sin ser desafiados como antes. Los ministros cristianos cuyo mensaje y vida no reflejan a Cristo en el centro, incluso aquellos con seguidores masivos, lucharán por encontrar palabras de sabiduría y precisión en la crisis, y serán alentados a restablecer y redefinir la vida tal como la conocen. Las pérdidas profundas continuarán, tal como las hemos observado durante toda esta crisis, hasta que la curva se allane; sin embargo, una Iglesia deslumbrantemente reluciente está surgiendo para tomar su lugar legítimo de gobierno y liderazgo en los eventos mundiales. A través de un derrame de inconfundible poder y santidad, las vidas se redefinirán radicalmente para que coincidan con el diseño destinado por Cristo.

Mira, la oscuridad cubre la tierra y las densas tinieblas envuelven a las naciones, pero el SEÑOR brillará sobre ti y sobre ti resplandecerá Su gloria” (Isaías 60:2, énfasis mío).

Una plaga expone quién verdaderamente adora a Dios con la ofrenda fragante de Cristo en sus vidas, o por el contrario, las cenizas del fraude. La iglesia falsa será revelada (Lucas 3:17) y comparada públicamente con la Iglesia verdadera. “Muchos me dirán ese día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios y realizamos muchos milagros? "Entonces les diré claramente:" Nunca os conocí; ¡apartaos de Mí, hacedores de maldad! ’" (Mateo 7:22, 23).

Eventos de esta magnitud y consecuencias incontrovertibles iluminan ante nuestros ojos a un Dios mucho más poderoso de lo que se imaginó originalmente. Él es una "ayuda eterna en tiempos de necesidad", involucrado en los asuntos del hombre, salvando a todos los que serán salvados, Aquel cuyo trabajo se extiende a todas las naciones. Él lidera el esfuerzo multinacional para construir una "Ciudad en una colina" y posiciona a la Iglesia para liberar poder certificado. Los perdidos se volverán a Él en masas y serán salvados. ¡Su poder no conoce límites y nada puede detenerlo! ¡Él es santo! Desde el punto de vista macro, permitió esta pandemia sólo para asegurarse de que Su pueblo esté preparado y advertido adecuadamente. Considere los siguientes versículos, que se cumplirán en el futuro, advirtiendo sobre el próximo Día del Señor:

He aquí, yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de JEHOVÁ, grande y terrible. (Malaquías 4:5, énfasis mío).

“En el cielo y en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y maravilloso. Y todo el que invoque el nombre del Señor escapará con vida, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá salvación, como lo ha prometido el Señor. Y entre los sobrevivientes estarán los llamados del Señor. (Joel 2:30-32, énfasis mío).

Una perspectiva micro: Considere cómo puede involucrarse

Todos debemos elegir cómo responderemos mientras evitamos el pánico. He aquí algunas formas de involucrarse:

  • Adórelo y escúchelo claramente
  • Pase tiempo de calidad en la Palabra y pase tiempo con sus seres queridos
  • Arrepiéntase por no ser siervo de Dios, no servir a los demás y mitigar los planes de Dios
  • Desactive todas las actitudes y mentalidades egoístas. ¡Considere sus caminos!
  • Purifique y limpie su corazón, reciba Su abundante gracia y perdón
  • Evalúe su nivel de preparación, planifique cómo se ajustará para estar listo
  • Permanezca alineado con Sus propósitos en la tierra para el Reino; escriba su visión y aclárela
  • Asegúrese de que la protección sobrenatural de Dios esté sobre su hogar (vea Éxodo 12)
  • Contribuya con su parte, asegurándose de ayudar a los demás, actuando de manera consistente con propósito y llamado divino
  • Reconozca su propósito de empoderar a otros; ¡ayude a su prójimo!

Algunos héroes han comenzado a surgir en medio de la guerra; en Italia, España y los Estados Unidos,  se cuentan historias de siervos sacrificados que han ido más allá para ayudar a otros. En el primer frente, y en lugares como la ciudad de Nueva York, donde se han reportado decenas de miles de casos y miles más sucumbieron a la enfermedad, un gran número ofrece su tiempo y energía. Los profesionales médicos continúan poniéndose en riesgo, trabajando las 24 horas para salvar vidas. Para combatir la escasez de médicos y trabajadores de la salud, ¡miles de ex enfermeras y médicos han salido de la jubilación para ayudar! Como Julia Marsh del New York Post escribió en su página web:

“En solo un día, mil médicos y enfermeras particulares y retirados respondieron al grito de ayuda del Ayuntamiento, ofreciéndose como voluntarios para unirse a la reserva médica de la Gran Manzana y ayudar a tratar a sus compañeros neoyorquinos afectados por el coronavirus”

Algunos estados han enviado ventiladores caros directamente a las zonas cálidas más vulnerables. El personal militar y la Guardia Nacional de los Estados Unidos han construido rápidamente hospitales completos y funcionales en las principales ciudades. Y las pequeñas empresas en todo el país se han intensificado para producir desinfectante para manos y entregarlo de forma gratuita. Muchos otros han donado barbijos, alimento para trabajadores de la salud y equipo de protección personal. Innumerables ejemplos de actos desinteresados ​​se informan día a día en la guerra contra este enemigo invisible. Entonces podemos ver que la crisis también trae a la luz lo mejor de mucha gente.

Una advertencia que puede salvarnos

Aunque solo es una pequeña partícula invisible, el coronavirus ha tenido una capacidad impactante para penetrar en todas las estructuras de la vida humana. En estos terribles momentos, la protección contra la amenaza de daño requiere un escudo efectivo. Afortunadamente, tal escudo protector ya está disponible, y se ofrece a todos los creyentes. Para verlo en acción, consultamos el libro de Éxodo, donde Moisés instruyó al pueblo de Dios a marcar cada marco de la puerta con la sangre del Cordero de la Pascua.

Convocó entonces Moisés a todos los ancianos israelitas, y les dijo: «Vayan enseguida a sus rebaños, escojan el cordero para sus respectivas familias, y mátenlo para celebrar la Pascua. 22 Tomen luego un manojo de hisopo, mójenlo en la sangre recogida en la palangana, unten de sangre el dintel y los dos postes de la puerta, ¡y no salga ninguno de ustedes de su casa hasta la mañana siguiente! 23 Cuando el Señor pase por el país para herir de muerte a los egipcios, verá la sangre en el dintel y en los postes de la puerta, y pasará de largo por esa casa. No permitirá el Señor que el ángel exterminador entre en las casas de ustedes y los hiera. (Éxodo 12:21-23).

Siguiendo las instrucciones como una orden militar, todos los que obedecieron salvaron la vida de sus primogénitos. Este relato mosaico es el "modelo" bíblico para la protección sobrenatural; sin embargo, algunos creyentes han caído no sólo en la enfermedad, sino en el pánico, igualmente amenazante. ¿En quién confiamos si no en Dios, que está por sobre todo? Deberíamos tomarnos el tiempo para escuchar y estar de acuerdo con Dios al recordar las promesas bíblicas, como el Salmo 91:

“Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía. Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará” (Salmo 91:3-7, énfasis mío).

¿Es el coronavirus una señal de juicio? El mundo caído en el que vivimos y la condición humana pecaminosa, desafortunadamente se traducen en enfermedad y padecimiento, a veces resultando en epidemias. Una conclusión más razonable a la pregunta del juicio divino puede ser esta: el coronavirus sirve como una advertencia épica de lo que vendrá; nos advierte sobre futuros juicios pendientes. Las advertencias y los juicios actuales no son lo mismo que el Día del Juicio final; están permeados por la gracia y el gran amor de Dios, extendiéndose y con la intención de salvar a los perdidos. John R. Schroeder lo expresa así en su artículo ¿Cómo juzgará Dios al mundo?:

Este es un juicio verdadero: la evaluación piadosa de la existencia humana con discernimiento justo y gran misericordia (ver Isaías 11: 3-4; Santiago 2:13). A diferencia de un juez humano de este mundo, ¡nuestro Juez nos ama! ¡Él dio Su vida por nosotros!

Un Dios omnisciente sabe cómo llamar nuestra atención al emitir una advertencia mundial. Al mismo tiempo Él prepara a Su Iglesia, y todos aquellos con capacidad de oírlo, escucharán la orden.

A medida que se acerca el momento final y los planes de Dios para el Último Día, la llamada del Cielo es más clara que nunca; ese llamado es para "¡estar listos!" Una bella Novia se transformará por completo y estará impecable, "así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable” (Efesios 5: 25-27, énfasis mío). ¡La Novia purificada se casará, unida a Cristo Rey cuando Él regrese victorioso!

A medida que el reloj sigue avanzando y el tiempo se acerca para el regreso del Rey, todos debemos elegir un curso de acción. Hay oposición satánica masiva manifestándose en paralelo, aunque siempre inferior a los propósitos de Dios. Esta contra-narrativa coreografiada por el príncipe de los cobardes, Satanás, fue formulada estratégicamente hace mucho tiempo para evitar que la mayor cantidad posible conozca y siga a Dios correctamente. Considere Apocalipsis 12, después de que Satanás fue desterrado del cielo:

“…Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto de sus descendientes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús” (Apocalipsis 12:17).

Su rol en la construcción del reino de Dios, en un sentido amplio, es ser ahora mismo la sal y la luz de la tierra. Si no está seguro cuál es su función específica en el Cuerpo de Cristo, es hora de comenzar ahora mismo ese proceso de equiparse en la verdad y en el Espíritu. Únase a una iglesia bíblica fuerte, encuentre un mentor y comience a obedecer a Dios con toda su vida para que pueda comenzar a cultivar el fruto del Espíritu (Gálatas 5: 22-23). Se necesitan desesperadamente guerreros feroces y totalmente equipados, todos aquellos que seguirían a Cristo sinceramente, mientras Dios se prepara para humillar públicamente de nuevo a Satanás en el escenario global (Ez 28:15-18; Is 14:12-15; Lc 10.18). Desde este lugar cada ojo observará e irrevocablemente sabrá quién está a cargo del cosmos: ¡Dios!

Y si aún no conoce a Jesucristo personalmente, nunca es demasiado tarde para aceptarlo en su corazón, para hacerlo su Señor y Salvador. Simplemente diga: “Me arrepiento de todos mis pecados; Te invito a vivir en mí y gobernar mi corazón. Usa toda mi vida para traerte gloria. Elijo seguirte. Quiero ser convertido en un guerrero para Tus propósitos.”Cuando Lo invite a entrar, reciba el pleno conocimiento de un amor misericordioso e incomparable y una verdadera fuerza; entonces será salvo por el Único que puede salvar, tal como lo declaró Isaías hace mucho tiempo.

“Vuelvan a mí y sean salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay ningún otro” (Isaías 45:22).

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Coronavirus: COVID-19

Coronavirus (COVID-19): A Prophetic Perspective

By Brian Congdon

In December 2019, a new strain of virus was reported to the World Health Organization. Originating in Wuhan, China, scientists called it the Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 (SARS-CoV-2), also known as COVID-19, or the “novel coronavirus.” The virus was likely transmitted to humans in close proximity to bats given its similarity to the family of coronaviruses borne of bats. Since discovery of the virus in China, no vaccine has been readily available resulting in uncontained spread to nations on all continents.

Coronavirus has become the global pandemic that took the world by surprise. While producing exponential numbers of infections not dissimilar to plagues of times past, this enigmatic virus was unseen and unperceivable until it was too late. Despite living in the era of advanced medicine and scientific knowledge, a cure has remained elusive. The many sophistications of man have failed to stop an enemy of this magnitude. Really, everyone is at risk until a vaccine is discovered. Even those without health-related issues face grave economic losses as the clock continues to tick. How is a Christian to interpret such events? To unveil answers, by necessity we dust off our bibles and peer into the everlasting truth of Scripture.

Beginning with John 3:16, it plainly states that God desires all would receive eternal life through His Son. We can be sure this epidemic didn’t originate with God (in the age of grace) because punishment would not be consistent with His character. God takes no pleasure in death. He isn’t against us in the here and now, nor those who don’t yet know Him. How can we be sure? For starters, Psalm 145:8 tells us: “The LORD is gracious and compassionate, slow to anger and rich in love.” Notice the emphasis on “slow to anger?” A gracious and compassionate God whose Son paid the ultimate price to atone for all sin, has no need to satisfy His wrath now. The consequences of sin occur all by themselves. God does not need to add extra punishment on top of sin; “for the wages of sin is death, but the gift of God is eternal life in Christ Jesus our Lord” (Romans 6:23, emphasis mine). Christ’s perfect sacrifice already satisfied the holy requirement; this is crystal clear in Hebrews 10. Still, some will say…

  • But God is judging people for their disobedience!
  • God is disappointed with His rebellious children!
  • God is punishing the wickedness of the people!

Though a loving, holy God detests sin, the concept of judgment should first be defined by keeping all of His attributes in view. If we isolate one attribute from the rest and try to make the Word say whatever we want, eisegesis and misapplication ensue. It is too easy to devolve into a very “un-systematic” theology of sorts, so let’s not go there. Judgment may very well be a complete drought of options, by exhausting every opportunity to turn in the right direction, and ignoring the signs and warnings of impending consequences. It is analogous to an array of clearly displayed signs warning of a cliff ahead. Now, picture an individual who ignores all the warnings and blindly wills, against all sensibility, to mash the accelerator to 87 mph in a 15 mph zone. Can anything prevent the sudden new flight path and crash below on the rocks? If we don’t pause long enough to listen to His graceful guidance, we can’t fault Him for that. The good news is that He wants to prepare us and does, even despite our deafness and/or blindness. In fact, He has been trying to get our attention all along. He is rich in love, He is patient with us, and He empowers us with His grace.

God’s goodness and everlasting kindness toward His children are like an open spigot of grace, interrupted only by human volition when we refuse to receive it. So what could He be doing in the midst of a pandemic you ask (philosophically)? The answers begin to appear upon further scriptural study, juxtaposed against humanistic attitudes commonly mistaken for acceptable norms. The prophet Isaiah, whose name means “the Lord is salvation”, (Isaiah: hebrew YESHAYAH) said this:

Who foretold this long ago,
who declared it from the distant past?

Was it not I, the LORD?

And there is no God apart from me,
a righteous God and a Savior;
there is none but me.
“Turn to me and be saved,
all you ends of the earth;
for I am God, and there is no other.

By myself I have sworn,
my mouth has uttered in all integrity
a word that will not be revoked:
Before me every knee will bow;
by me every tongue will swear.
They will say of me, ‘In the Lord alone
are deliverance and strength.’

(Isaiah 45:21-24 , emphasis mine)

Isaiah’s cogent words foretold the coming of a Savior with a decisive declaration. Like a shout from the rooftops, it would be hard to miss. Christ, the Savior King is coming for His Bride! Normally this is wonderful news. Like opening a hand-delivered wedding announcement, it tickles the senses. There’s just one very important, usually overlooked detail in the ancient press release. The Bride must be ready for His arrival. The Bride, which is the universal global Church of faithful, authentically committed believers, needs to undergo a grueling preparative process. The Church is instructed to be holy and blameless for the wedding (Eph. 5:27). As Isaiah prophesied, one day everybody will bear witness to this supernatural, celestial ceremony. As far as the timing, eschatological perspectives en masse resemble hurricane projection models and spaghetti charts. Still, the imperative to fully prepare for our Lord’s purposes and imminent arrival remains ever the same.

How does the Bride prepare? Each and every believer was called to embark on the journey of conformity to Christ upon salvation. The problem is that many Christians have ignored the invitation to grow up to a level of functional, productive maturity. The unfortunate misconception is that we are groomed throughout life for the sole purpose of self-fulfillment. That the Church exists singularly as a framework for ‘me’ to receive personal blessing is not, at least for fully grown adults, its transcendent purpose. We are all summoned to live for something much bigger than ourselves.

Culturally acceptable norms block true spiritual development. And they bear uncanny resemblance to the satanic will for believers, to retard and stunt all progress. Like a spoiled kid who demands to be in the center of attention, nothing positive happens until told “no”, given responsibility, and made accountable for his actions. Obnoxious narcissistic traits are at some point the pattern of every person per a spectrum of severity on the scale of emotional intelligence. Inward patterns containing no eternal value simply must die before Christians are useful in the Kingdom of God. The heart of these words is not to jolt or offend anyone, rather, to exalt God’s definitions for true life. Correction is God’s love! “For the LORD corrects those he loves, just as a father corrects a child in whom he delights” (Proverbs 3:12, emphasis mine) (Also keep Rom. 15:4 in mind). Let us stop cherry-picking the portions of Scripture subjectively determined ‘suitable’ to our human preference.

We bow and defer to the Word by choice because it is the standard for all life!

The Bible exhorts believers to “continue to work out your salvation with fear and trembling” (Philippians 2:12). The implication here is a transformative process of work, growth, deference, reverence, and trajectory. What is the goal of that hard work? It is bearing spiritual fruit via sincere obedience (John 14:15), process by which the believer will see a metamorphosis. Categorically and substantively distinct, he will no longer need the old chrysalis. It is akin to changing an old, burnt-out light bulb with a bright incandescent light for all to see. Christ in me is that bright light! Genuinely hard, self-sacrificial work produces perseverance, and eventually, a beautiful payoff. In Peter’s second letter, he lists the Christian qualities all should be developing: faith, virtue, knowledge, self-control, perseverance, godliness, brotherly kindness, and love.

The ultimate purpose will manifest corporately: the formation of a functional, supernaturally powerful Church that looks, talks, acts, and sounds just like Christ, His design. Up to every individual in the Body, growth occurs through training and mentoring, by obediently facing challenges, and overcoming. At times very difficult, this workflow transforms lives and fosters genuine preparation at the heart-level. Honestly, who would not want to be known for the following traits in abundance? Since they are too important to ignore, here they are listed again:

  • Faith
  • Virtue
  • Knowledge
  • Self-control
  • Perseverance
  • Godliness
  • Brotherly kindness
  • Love

“And they overcame him because of the blood of the Lamb and because of the word of their testimony, and they did not love their life even when faced with death” (Revelation 12:11, emphasis mine). The whole idea is one of readiness to execute the divine will in the earth and after that in eternity. Only equipped, fruit-bearing Christians can crush the serpent’s head and build things of enduring Kingdom value. The time to get ready has not passed; that time is now. In Joel 3:9-12, the verses shout at the hearer, urging immediate action:

Proclaim this among the nations:
Prepare for war!
Rouse the warriors!
Let all the fighting men draw near and attack.
Beat your plowshares into swords
and your pruning hooks into spears.
Let the weakling say,
“I am strong!”
Come quickly, all you nations from every side,
and assemble there.
Bring down your warriors, LORD!
“Let the nations be roused…”

We should emphasize the following from the above verses:

  • “Rouse the warriors”,
  • “Prepare for war”
  • All you nations”

This coronavirus epidemic has forced systemic evaluation, applicable to every level of human life from the macro level all the way down to the smallest nanoparticle of existence. No nation or individual is exempt! The plague reveals who is truly prepared, who is not, and who is ready to lead in wartime. “Bring down your warriors, LORD!” Without question, it is a worldwide wakeup call to the purposes of God in the earth toward the finish.

Judgment Begins with the House of God

The apostle Peter boldly asserted: “For the time has come for judgment to begin at the house of God; and if it begins with us first, what will be the end of those who do not obey the gospel of God?” (1 Peter 4:17). Now that the reminder is upon us that Christ is coming, He is already judging the Church, and will soon judge nations and the world at large. Great events of eternal import are on the near horizon, culminating in a final Day where our lives will be assessed for all we have done to further the purposes of God during our time on earth. As noted in the article When Christ Comes for the Church:

The central truth of the judgment seat of Christ is stated in 2 Corinthians 5:10, “For we must all appear before the judgment seat of Christ, that each one may receive what is due him for the things done while in the body, whether good or bad.” As this text makes clear, this is a judgment for Christians only, as the issue of salvation was already settled…

This judgment is not concerned with the sins of Christians, as the words “good or bad” are words relating to value, not morality. The question is whether a Christian’s life included things of eternal value in God’s sight.
(Bible.org, emphasis mine)

God is not done with us. The coronavirus pandemic is merely the beginning. Even pausing the whole world cannot slow down the divine plans unfolding before our eyes. He has not stopped His eternal objectives, nor put His purposes on pause. He didn’t send this plague, rather, as Heaven draws nearer to earth, man’s motives are invariably purified, and hearts are cleansed. The King is coming! This pandemic is ushering in a chain of unstoppable events before His imminent return. His current task consists of inescapable exposure, fully redemptive in nature. Revealing the actual reality of all things, behind every mask of falsehood there is an actuality. It is His will, throughout these current events, to expertly unmask falsehoods that were formerly hidden. Many will confess to having never seen such (divine) activity, much less on such a massive scale, at least during our lifetimes.

His method includes dismantling the arrogance of all those who think they don’t need Him. He is also exposing the pride of those who rely on an unreformed mind, and carnal, pride-filled knowledge above God. Those who have built their lives on fake foundations (1 Cor. 3:12-15), believers and non-Christians alike, will stumble and struggle, unable to live on unchallenged as before. Christian ministers whose message and lives don’t reflect Christ to the core, even those with massive followings, will struggle to encounter words of wisdom and accuracy in the crisis. They will be strongly encouraged to reset and redefine life as they know it. Profound losses will continue, just as we have observed during this crisis until the curve flattens. Yet, a brightly shining Church is arising to take its rightful place of governing and leadership in world events. Through an outpouring of unmistakable power and holiness, lives will be radically redefined to match Christ’s intended design.

See, darkness covers the earth and thick darkness is over the peoples, but the LORD rises upon you and his glory appears over you” (Isaiah 60:2).

A plague exposes who truly worships God with the fragrant offering of Christ in their lives or, conversely, the ashes of fraudulence. The false church will be revealed (Luke 3:17) and compared publicly with the true church. “Many will say to Me on that day, ‘Lord, Lord, did we not prophesy in Your name, and in Your name drive out demons and perform many miracles?’ Then I will tell them plainly, ‘I never knew you; depart from Me, you workers of lawlessness!’” (Matthew 7:22, 23).

Events of this magnitude and incontrovertible consequences illumine (before our eyes) a far more powerful God than originally pictured. He is an “ever present help in times of need,” involved in the affairs of man, saving all who will be saved, the One whose work extends to all nations. He leads the multinational effort to build a “City on a hill” and positions the Church for certified power delivery. The lost will turn to Him in droves, and be saved. His power knows no bounds and nothing can stop Him. He is holy. From the macro vantage point, He permitted this pandemic only to ensure His people are prepared and adequately warned. Consider the following verses, to be fulfilled at a future time, warning of the coming Day of the Lord:

“Behold, I will send you Elijah the prophet before the great and awesome day of the LORD comes” (Malachi 4:5, emphasis mine).

“I will show wonders in the heavens and on the earth, blood and fire and columns of smoke. The sun will be turned to darkness and the moon to blood before the coming of the great and awesome day of the LORD. And everyone who calls on the name of the LORD will be saved; for on Mount Zion and in Jerusalem there will be deliverance, as the LORD has promised, among the remnant called by the LORD” (Joel 2:30-32, emphasis mine).

A Micro View: Consider How You Can Engage

We must all choose how we will respond all the while negating panic. Here are some ways to engage:

  • Worship Him and hear from Him clearly
  • Spend quality time in the Word, and spend time with those you love
  • Repent for not serving others and mitigating against God’s plans
  • Disengage all self-serving mindsets and attitudes. Consider your ways!
  • Purify and cleanse the heart, receive His abundant grace and forgiveness
  • Assess your level of readiness, plan how you will adjust to be made ready
  • Align with His purposes on earth for the Kingdom; write down your vision and make it plain
  • Ensure God’s supernatural protection is over your household (see Exodus 12)
  • Contribute your part, making sure to help others, acting consistently with purpose and divine calling
  • Realize your purpose to empower others; help your neighbor!

Heroes have begun to emerge in the midst of the war. In Italy, Spain, and the United States, stories are being told of sacrificial servants who have gone above and beyond to help others. On the front lines, and in places like New York City where tens of thousands of cases have been reported and thousands more succumbed to the disease, great numbers are volunteering their time and energy. Medical professionals continue to put themselves at risk, working around the clock to save lives. To combat the shortage of doctors and health workers, thousands of former nurses and doctors have come out of retirement to help! As Julia Marsh of the New York Post wrote on its website:

“In just a single day, one thousand retired and private practice doctors and nurses answered City Hall’s cry for help, volunteering to join the Big Apple’s medical reserve and help treat their fellow New Yorkers stricken with coronavirus.”

Some states have shipped expensive ventilators directly to the most vulnerable hot zones. Military personnel and the U.S. National Guard have rapidly built complete, functional hospitals in major cities. And small businesses across the nation have stepped up to produce hand sanitizer and deliver it free of charge. Many others have donated face masks, meals for healthcare workers, and personal protective equipment. Countless examples of selfless acts are reported with each passing day in the war against this invisible enemy. The many volunteers and professionals who have risen to the occasion demonstrate that crisis also brings out the very best in people.

A Warning That Can Save Us

Though only a tiny, invisible particle, the coronavirus has had a shocking capacity to penetrate every structure of human life. In these dire moments, protecting against the threat of harm necessitates an effective shield. Fortunately, such a protective shield is already available, and afforded all believers. To see it in action, we turn to the book of Exodus, where Moses instructed God’s people to mark every doorframe with the blood of the Passover lamb.

“Then Moses summoned all the elders of Israel and told them, “Go at once and select for yourselves a lamb for each family, and slaughter the Passover lamb. Take a cluster of hyssop, dip it into the blood in the basin, and brush the blood on the top and sides of the doorframe. None of you shall go out the door of his house until morning. When the LORD passes through to strike down the Egyptians, He will see the blood on the top and sides of the doorframe and will pass over that doorway; so He will not allow the destroyer to enter your houses and strike you down” (Exodus 12:21-23).

Following the instruction like a military order, all those who obeyed were spared the lives of their firstborn. This Mosaic account is the biblical “type” for supernatural protection. But some believers have fallen to sickness; while others battle a different, equally formidable foe—panic. Who can we trust if not in God who is above it all? We should be taking time to hear God by remembering and agreeing with biblical promises, like Psalm 91:

“Surely He will deliver you from the snare of the fowler, and from the deadly plague. He will cover you with His feathers; under His wings you will find refuge; His faithfulness is a shield and rampart. You will not fear the terror of the night, nor the arrow that flies by day, nor the pestilence that stalks in the darkness, nor the calamity that destroys at noon. Though a thousand may fall at your side, and ten thousand at your right hand, no harm will come near you” (Psalm 91:3-7, emphasis mine).

Is the coronavirus a sign of judgment? The fallen world we live in and the sinful human condition, unfortunately signify sickness and disease, at times resulting in epidemics. A more reasonable conclusion to the question of divine judgment may be this: the coronavirus serves as an epic warning of things to come, including future, pending judgment(s). Warnings and present-day judgments are not the same as the final Day of Judgment; they are permeated by God’s grace and great love, extending to and intending to save the lost. John R. Schroeder says it this way in his article, How Will God Judge the World?:

This is true judgment—godly evaluation of human existence with righteous discernment and great mercy (see Isaiah 11:3-4; James 2:13). Unlike a human judge of this world, our Judge loves us! He gave His life for us!

An omniscient God knows how to command our attention. By issuing a worldwide warning He prepares the Church, and all those with a capacity to listen will hear the command. As the terminal point in time nears, God’s last day plans—Heaven’s call—is clearer than ever. That call is to “be ready!” A beautiful Bride will be completely transformed, and spotless, “just as Christ loved the church and gave Himself up for her to sanctify her, cleansing her by the washing with water through the word, and to present her to himself as a radiant church, without stain or wrinkle or any other blemish, but holy and blameless” (Ephesians 5:25-27, emphasis mine). The purified Bride will be married and united with Christ the King when He returns, victorious!

As the clock continues ticking and time winds down for the King’s return, we all must choose a course of action. Massive satanic opposition is manifesting in parallel, albeit forever inferior to God’s purposes. This counter-narrative choreographed by the prince of cowards, Satan, was strategically formulated long ago to prevent as many as possible from knowing God correctly. Consider Revelation 12, after Satan was banished from Heaven:

“…the dragon was enraged at the woman, and went to make war with the rest of her children, who keep the commandments of God and hold to the testimony of Jesus” (Revelation 12:17).

Your role in building God’s kingdom, in a broad sense, is to be the salt and light of the earth, right now. If you are not sure what your specific function is in the Body of Christ, it is time to start that process of becoming equipped in truth and in Spirit, right now. Join a strong biblical church, find a mentor, and begin obeying God with your whole life so you can start growing the fruit of the Spirit (Galatians 5:22-23). Fully equipped, fierce warriors—all those who would follow Christ sincerely—are desperately needed as God prepares to publicly humiliate Satan again on the global stage (Ez. 28:15-18; Is. 14:12-15, Lk. 10:18). From this place every eye will observe and irrevocably know who is in charge of the cosmos: God!

And if you don’t yet know Jesus Christ personally, it is never too late to accept Him into your heart, to make Him your Lord and Savior. Simply say: “I repent of all my sins; I invite You to live in me and govern my heart. Use my whole life to bring You glory. I choose to follow You. I want to be made into a warrior for Your purposes.” When you invite Him in, receive the full knowledge of a merciful, incomparable love and true strength; then you will be saved by the only One who can save, just as Isaiah echoed long ago…

“Turn to me and be saved, all you ends of the earth; for I am God, and there is no other” (Isaiah 45:22).

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The Prophetic Function

By Brian Congdon

The Prophetic functionIn the communal and ecclesiastical context of the local church, believers are accustomed to pastoral leaders who tend to their flock much like shepherds would sheep. Pastoral ministry will never become irrelevant—the Church would grind to a halt without it. However, other biblical ministries can be seen operating within the church structure as demonstrated in the early NT gatherings. “For a whole year Barnabas and Saul met with the church and taught great numbers of people. The disciples were called Christians first at Antioch. During this time some prophets came down from Jerusalem to Antioch. One of them, named Agabus, stood up and through the Spirit predicted that a severe famine would spread over the entire Roman world.” (Acts 11:27) The very first forms of NT church featured a prominent space for “prophets.”

Is this still true in today’s church? How are we to interpret “the prophetic” in a pastor-led, shepherding, caring atmosphere? The answers are hidden beneath multiple layers of dogma and passé teaching. We must adopt a larger, kingdom perspective. In the Kingdom, there is a prophetic dimension, which is not limited to or by the four walls of a church. The prophetic dimension is a distinct area of Christ’s multi-faceted ministry as Prophet, Priest, and King. It has the potential to develop beautifully and corporately if stewarded correctly. Still, many westerners are immersed in a pastorally designed mindset to the point that a legitimate prophetic anointing can be off-putting. It is viewed by some as threatening, uninvited doom-saying or unloving confrontation. Conversely, some church activity labeled “prophetic” could not have a more inaccurate label.

Having been discussed ad nauseam in charismatic circles, there is a vast difference between the office of prophet and a situation-based prophetic gift. The office-holder is characterized by a mantle that cannot be removed.1 The congregational gift of prophecy is mostly spontaneous words of edification, encouragement, and comfort (1 Cor. 14: 29-32). Occasionally they will contain a predictive element, but mostly they edify. Individuals with an on/off prophetic gift tend to give reassuring, comforting messages such as “God is good; He loves you; your sins are washed away by the blood; today is a new day, etc.” Prophetic office holders are iconoclasts par excellence. Under a strong anointing, they don’t waste time or dawdle. They will commandeer a spiritual scalpel and pinpoint roots of any and every type of malaise imaginable. They diagnose, then articulate a Remedy who is Christ. They are profound discerners, rarely fooled any of the time by outward appearance. They can (unintentionally) make people feel as though being X-rayed. A conversation might feature a tone similar to this:

INDIVIDUAL: Ouch!!

PROPHET: Relax, here’s the splinter that was causing your limp!

Prophets are highly keen on justice and executing divine commands with precision. Any injustice, especially exploits of the weak or defenseless, may cause a blood-boiling offense in the prophet’s spirit and psyche. Like a “ringing” on the inside of his head, he will be unable to ignore it. Although he grapples with injustice, he may learn over time how to major in grace administration. Here is a view from the inside: God’s heart, mind and Word are like lava oozing and bubbling forth in perpetuity inside the prophet. As Jeremiah said: “But if I say, “I will not mention his word or speak anymore in his name,’ his word is in my heart like a fire, a fire shut up in my bones. I am weary of holding it in; indeed, I cannot” (Jeremiah 20:9).

A life of superficial, mundane trivialities is the antithesis of a genuine prophetic call. His is the call to shatter false paradigms and obstructions to the accurate apprehension of Christ-character. To the prophet, the whole world is his burden, injustice his constant companion. As Abraham Joshua Heschel said, “the prophet shares in the divine pathos.2” Prophets are elicitors of repentance, calling the Body to maturity, uprightness, and obedience, just as John the Baptist came offering a baptism of repentance. He will issue a summons to the conditional and demand decision. “If you love me, then you will obey what I command” (John 14:15). “What will you do with your life?” Choose, before it’s too late. Repent now! (Matthew 3:2).

This is where pastors often fail to “get” prophets, or the cause of a prophet. It sounds elementary but is not. As Scott Webster says, “prophets are not primarily blessers. They are builders, and will not experience fulfillment operating only on the level of personal blessing. They are deeply coded to build.3” It is not simply about delivering warm and fuzzy “feel-good” messages to everyone in the congregation. Prophets build accurate “hearing” and discernment into others, biblically sound systems of knowledge, platforms for diverse ministries, and have a penchant for ethical standards. They want to “build it right, or not at all.” To be prophetic is also to have healthy spiritual faculties: highly accurate sight, developed hearing and obeying, and a sixth sense for supernatural timing or seasons.

The kind of “presence” they exude can vary from easy-going and approachable, to down-right harsh and sharp around all edges. It all depends on the level of personal development and God’s preferences for a given situation. Mature prophets will have an eye toward redemption at all times. If a prophet ascertains an underlying fracture, his concern for “setting the bone” and healing will be in the forefront. Of course, it takes decades of transformation, obedience, and training for a prophet to have a beneficial ministry. A failure to wait for God’s release to minister can result in dangerous, damaging results. Those less-seasoned in their gift and unaware of how to handle power will tend to enjoy tearing down and exposing problems.

Therefore, prophets must be the product of a drawn-out sojourning through trials and impossible seasons (think Joseph or Moses). They must possess radically transformed character and embody the frequency that is “change.” They are to exemplify God’s desired future season for the Body, always leading through the valley and to a promised land. Like apostles, prophets are not born in the natural, overnight, nor will they ever be. Neither can anyone choose to become a prophet. Like all gifts and callings of God, God alone picks and chooses. If they are charged with communicating and representing God’s intentions, what part of the prophet’s natural self is involved in such a task? Only one who is truly dead to self will be authoritatively empowered to speak the mind of God and set captives free.

Exposing and dismantling are a fundamental part of the prophetic function (John 3:20). “But if an unbeliever or an inquirer comes in while everyone is prophesying, they are convicted of sin and are brought under judgment by all, as the secrets of their hearts are laid bare” (1 Corinthians 14:24, 25). But these are not supposed to be the final destination. As even the OT prophet Jeremiah was commanded “to root out, and to pull down, and to destroy, and to throw down, to build, and to plant.” (Jeremiah 1:10, emphasis mine) There should be a developed grace for ‘rebuilding’ in the prophetic minister as well.

The world may try to silence or discredit the prophetic voice since it so often serves to announce its corrupt and inconsistent ways. Insecure Christians operating in a crooked spirit will attempt to mute the voice (the prophet) to prevent uncomfortable exposure of heavily guarded secrets or false identities. These Christians try to accuse him of sinful motives, brandishing “projectile weapon” words: “mean-spirited, arrogant, disrespectful,” etc. Hubristic, vituperative reaction to and aggressive retaliation on the messenger usually reveal a prophet’s cause to be accurate (See Mark 6:18). The prophet’s job is not for the faint-hearted. Therefore, the prophet must be unflappable, possessing herculean internal and spiritual strength. Knowing deeply who he is, he can rest despite what he is called to do. He can take solace knowing Jesus was no cream puff with some of his accusers. Dr. Lyle Story puts it this way in his article—The Parable of the Strong Man and the Stronger One:

His critics, the Jerusalem Scribes, reveal a blindness that cannot distinguish between the work of Jesus that brings wholeness and the work of Satan that brings destruction and death. What evil is more heinous than the malignant moral blindness which affirms that good is evil? This warning is perhaps the strongest word that Jesus ever speaks. The direct context, found in the tradition of all three Synoptic writers shows clearly the charge against Jesus—that He accomplishes exorcisms by the power of Beelzebul. For those who hold this view, there is, says Jesus, no hope.4

Although no one enjoys being rebuked, much less severely, it is intended to produce a redemptive outcome. When performed with authority (sans human volition), it brings supernatural order and clears the clutter for the road crews to lay asphalt. In the streets, prophetic ministry might manifest through an inviting, gracious, and encouraging demeanor. Recipients of this ministry will be full of hope and inspired to attend a church. It lovingly encourages through a call or invitation to change, to abandon one’s current ways in exchange for a superior, Christ-centered solution. Over time, a prophet might build a relational platform that “draws out” and empowers another individual to be ready for their calling and ministry. Other elements of the prophetic function include:

  • preparation (John the Baptist was the “way-preparer” for the Lord Jesus Christ)
  • incisive separating of wheat from chaff (identifying, separating falsehood from truth)
  • a messenger
  • a healer
  • a watchman or overseer
  • bringing other believers into alignment with God
  • giving courage to face a difficult season
  • imparting strength to jump over stumbling blocks